Un Presidente superado por los acontecimientos
No tiene motivos el Sr. Rodríguez para estar contento. Noviembre ha sido para su Gobierno uno de los peores meses de la legislatura, y con diferencia. En su semblante se aprecian las cada vez más evidentes huellas del cansancio y la frustración. Eso es lo que sucede cuando se vive en un país virtual y la realidad se empeña en seguir sus propias directrices, al margen de los deseos del Presidente.
ETA ha vuelto a matar. Parece que, a priori, este hecho a conseguido restaurar temporalmente un consenso sobre la política antiterrorista, esa política que el Partido Popular ha denunciado sistemáticamente, aún a costa de hacerse incómodo para algunos. Pero es lo que se tenía que hacer. ETA no entiende de buenas intenciones. Se ha aprovechado de un Presidente iluso y débil. Y lo peor es que aún planea una sombra de duda: ¿seguro que Rodríguez no quiere seguir negociando?
Otros frentes se han abierto para el Partido Socialista: una inflación desbocada, que nos aleja de Europa; una política internacional errática, cuyo máximo exponente, Venezuela, tiene un presidente que amenaza con expulsar a las empresas españolas si el PP gana las elecciones en España; Cataluña en situación de esquizofrenia, y repartiendo responsabilidades por un caos en infraestructuras entre el Gobierno y la propia España, con los nacionalistas reclamando la independencia. Si, esos que gobiernan en la Generalitat junto a un presidente socialista y que en estos momentos se encuentra tan desorientado como sus superiores en Madrid. ¿Y qué decir de los nacionalistas, cada vez más radicales?
Se evidencia cada vez más que el ciclo que abrió el atentado del 11 de marzo se está terminando. El Gobierno no tiene ideas; sus principales objetivos, determinados por la precipitación que supuso para el PSOE ganar unas elecciones por sorpresa se han ido diluyendo durante la legislatura. A día de hoy sus logros son haber dividido a la sociedad como no se veía desde hace muchos años, una Ley de memoria histórica que no satisface a nadie, una nueva ley de educación abocada al fracaso, y poca cosa más. Que llegue pronto el mes de marzo.

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