
Cuestión de acento
(en català)
En los últimos tiempos el Parlament de Catalunya ha entrado en una espiral de despropósitos que parece no tener fin. La ya olvidada "por imperativo estatutario" crisis del 3% ha dado paso, en medio de una de las crisis económicas más serias -y reales- que ha atravesado nuestro país, a la "crisis del acento". Mal vamos cuando el tema estrella de la discusión política es si el President de Catalunya habla con el acento correcto el catalán (lo que suscita una pregunta... ¿cuál es el acento catalán correcto?).
El asunto arrancó con unas declaraciones del secretario general adjunto de CDC, Felip Puig, cuestionando el nivel lingüístico del Sr. Montilla. Parecía que la cosa iba a quedar ahí, pero en las horas siguientes, y en un plano del Parlament, se ha desatado una trifulca verbal entre socialistas y convergentes, que se han dicho lindezas como "xenófobo de mierda". EL Sr. Benach estuvo a punto de suspender la sesión ante el cariz que tomaban los acontecimientos.
Resulta lamentable que estos incidentes se produzcan en el seno de una institución democrática, pero lo es aún más la imagen que algunos políticos transmiten a la opinión pública. Viendo la sesión de hoy parecería que en Catalunya no hay más problemas que el del idioma, y bien saben los ciudadanos que no es así. Las medidas estéticas que ha lanzado la Generalitat para "combatir la desaceleración" (crisis es una palabra tabú) difícilmente van a tener un impacto real en la economía. Los altos cargos, más que congelarse el sueldo, deberían reducirse. Para contener el gasto, nada mejor que olvidarse de informes pintorescos, asesorías incomprensibles o desaparecidos, y delegaciones internacionales. La sensación general es que la clase política está por otras cosas, y no precisamente las más importantes.
La defensa del catalán debe hacerse desde el respeto a lo que representa, pero nunca como argumento de confrontación. Resulta curioso que en el mismo día la presidenta del PPC ha declarado que a su modo de ver no era necesario firmar el manifiesto en defensa del castellano, pues ambas lenguas conviven armoniosamente en Catalunya. Desde luego no cabe mayor contraste: mientras los presuntos garantes del catalán oficial se tiran los trastos a la cabeza, es su presunto agresor, el PP, el que intenta calmar los ánimos.

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