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"A pesar de todo, el corazón late, la mano se tiende, nuevos proyectos nacen y me impulsan adelante"
Simone de Beauvoir
 

La estrategia del avestruz

(en català)

La reunión que mantuvieron Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy sirvió para desbloquear una serie de asuntos enquistados desde hace ya años, pero no para clarificar la postura del Presidente del Gobierno sobre la rotunda crisis que afecta al país. Así como se dice del avestruz que oculta su cabeza bajo tierra para ignorar los problemas (aunque en realidad lo haga para alimentarse), ZP se ha enrocado en una posición sin salida aparente. Ni siquiera los contundentes datos macroeconómicos de los últimos días o las cifras del paro, ya desbocado, son capaces de convencerle de que aquí pasa algo grave. ¿Es factible creer que el presidente de una de las naciones más importantes del mundo no tiene ni idea de lo que está sucediendo?

La estrategia socialista, en estos últimos tiempos, consiste en camuflar la realidad. El Presidente dispone de una serie de testaferros que aguantan el impacto de los acontecimientos mientras aquel permanece prácticamente incólume ante la opinión pública. Así, mientras ZP defiende una postura siempre con una sonrisa optimista, sus escuderos van matizando sus declaraciones. Como muestra las declaraciones de la titular del Ministerio de Educación, Mercedes Cabrera: mientras Zapatero declara que no piensa recortar las ayudas sociales, la ministra reconoce que la crisis puede influir en la puesta en marcha de este derecho. Esta táctica es especialmente perversa, pues presupone unos mínimos de inteligencia muy bajos a los españoles. Pero lo cierto es que funciona. Sólo así se puede explicar la falta de liderazgo ante la crisis.

Zapatero no puede reconocer abiertamente, de buenas a primeras, que España está inmersa en algo más que una desaceleración (o cualquier otro eufemismo de los que han estado empleando el presidente y sus cohortes); de hacerlo, reconocería implícitamente que mintió al país en la campaña electoral o, peor aún, que tanto él como su ministro de economía y vicepresidente del gobierno son unos ineptos que no supieron leer los indicadores económicos. La realidad puede estar cerca de este planteamiento o de otro aún peor:  saben perfectamente lo que pasa pero no pueden o no quieren hacer nada. La teoría del optimismo en economía tiene un recorrido muy corto, pues el dinero es cobarde. La última emisión de Deuda del Estado ha sido un fiasco. Las entidades revisan a la baja las previsiones económicas para nuestro país, pero mejoran las de la zona euro. ¿Qué diferencia hay entre el resto de Europa y España?:  Zapatero.

La mejor manera de afrontar una crisis es con determinación y una muy buena comunicación, transmitiendo a la ciudadanía la realidad de los hechos pero también la esperanza de que su gobierno está haciendo las cosas bien, al objeto de generar confianza. Pero Zapatero ha optado por una estrategia suicida: la inacción. Los ciudadanos perciben los problemas pero ven como quien tiene que resolverlos se inhibe, lo que genera mayor desconfianza en una posible solución, agravando la cuestión. Las encuestas de distintos medios coinciden en señalar que la economía es ya para los españoles la principal causa de preocupación, por encima del terrorismo y la inmigración. Ya causa sonrojo escuchar las declaraciones de Solbes, absolutamente noqueado: dice ahora que la hipótesis del Gobierno no es la recesión. Alguien debería recordarle que hace unos pocos meses, en cierto debate que alguna televisión debería remitir, la hipótesis de trabajo era un país en una disposición envidiable para capear una “ligera desaceleración”; un país, dicho sea de paso, que ha entrado en números rojos gracias a una gestión económica nefasta. La culpa, no obstante y siempre según los socialistas, siempre es del mercado internacional, el precio del crudo o el Euríbor. Y acto seguido pasa a rebajar –una vez más- la previsión de crecimiento para el resto de este año y el siguiente. Sr. Solbes, parece que las finanzas, cuando las arcas no están llenas, no son su fuerte; vaciarlas, desde luego, es la especialidad de Zapatero.

Se mire como se mire, tanto Zapatero como Solbes son o unos orates, o unos mentirosos o unos incompetentes, o, quizás, una suma de todo ello. El problema es que al final quien va a pagar el estropicio en sus carnes son los ciudadanos españoles, tanto aquellos cuyo único pecado fue votar al PSOE en las pasadas elecciones, como los que supimos ver en su momento que tras la sonrisa del Presidente sólo hay vacuidad.


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