Inversión y previsión
El Ayuntamiento de Cambrils se enfrenta estos días a una especie de revuelta vecinal debido al incremento del IBI. Esa subida se aprobó el año pasado en base al Plan de Saneamiento que adoptó el Consistorio, obligado por la legislación vigente al haber alcanzado un preocupante nivel de endeudamiento. Por cierto, ese mismo Plan establece subidas similares en los años próximos.
Una de las respuestas recurrentes cuando los partidos de la oposición en Cambrils debatimos con el tripartit y criticamos su excesiva tendencia al incremento del gasto público es decir que toda inversión realizada responde a peticiones expresas de la ciudadanía. La siguiente es, habitualmente, invitarnos a contestar qué servicios recortaríamos para disminuir el gasto, cosa bastante demagógica ya que una vez se ha perpetuado un gasto corriente es muy difícil reducirlo, por lo que la más racional es meditar previamente si es necesario o viable asumir ese gasto.
Electoralmente el tripartit ha sabido rentabilizar excepcionalmente la gran etapa de prosperidad que generaron los gobiernos del PP con la cesión de la gestión del suelo público a los Ayuntamientos. El problema es que en aras de conseguir o mantener votos los Consistorios se han ido embarcando en una espiral incontrolable de servicios e inversiones, muchos de ellos impropios (es decir, que no corresponden a la esfera estrictamente municipal). Por decirlo de una manera coloquial, mientras hay dinero es fácil gobernar, pues sólo hay que tirar de presupuesto. El problema es que la fiesta ha terminado, los ingresos que provenían de la construcción se han esfumado, los ciudadanos se han apretado el cinturón (lo que ha frenado el consumo), y los Ayuntamientos se enfrentan a déficits que van a obligar a tomar medidas drásticas en un futuro muy próximo.
La solución más rápida, y la que parece nos va a ser impuesta -nunca mejor dicho-, es la subida de impuestos. El 2010 nos ha traído incrementos generalizados en las tarifas del agua, la recogida de basuras y tratamiento de residuos, la electricidad, los transportes públicos... El punto culminante será el incremento del IVA en 2 puntos a partir del mes de junio. aunque en otros municipios hay que añadir el aumento del IBI (en Cambrils un 4'4%).
La cuestión es si es una solución correcta.
Incrementar la presión fiscal representa retirar dinero del bolsillo de los ciudadanos, lo que a su vez retrae el consumo. Es evidente que a menor consumo decae la demanda, cosa que afecta al nivel de producción, lo que genera paro. Al asumir ese paro se incrementa el gasto público, lo que conlleva una mayor necesidad recaudatoria por parte del Estado, generándose un círculo vicioso del que es muy difícil salir.
¿Existe una solución viable para impulsar una recuperación económica a corto o medio plazo? Es evidente que si, ya que otros países de nuestro entorno como Francia y Alemania, ambos regidos por gobiernos de centro derecha, han iniciado esa senda. Es palmario que la economía española adolece de unos problemas estructurales propios que dificultan importar el modelo de forma directa, pero si no se inicia en algún momento el camino de la reforma del modelo económico de una forma seria, la fórmula de crecimiento bajo y paro va a acompañarnos durante mucho tiempo.
Las administraciones, a todos los niveles, han de empezar a asumir que los recursos que manejan pertenecen a los ciudadanos y deben destinarse a garantizar la calidad de vida de éstos últimos incluso por encima de sus propios intereses ideológicos o partidistas. La bonanza económica del pasado ha propiciado un endeudamiento público insostenible propiciado por un desmesurado uso de fondos que no siempre han ido destinados al que debería ser su objetivo, y que ha hipotecado el futuro de generaciones posteriores. A partir de este momento es esencial analizar rigurosa y prudentemente las inversiones a realizar, atendiendo a criterios de oportunidad y viabilidad.
Sin embargo es necesario también que los ciudadanos asuman su parte de responsabilidad. Cada servicio que se demanda genera un gasto que alguien ha de pagar, pues ni Ayuntamientos, Generalitat o Estado generan dinero espontáneamente, sino que lo recaudan por la vía de las tasas e impuestos. Así pues, ni el paro ni las subvenciones son pagados por el Sr. Rodríguez Zapatero o los Alcaldes, sino que los pagamos todos.
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